Belleza

Hemos reducido la belleza a un anuncio de perfume. Belleza, esa palabra tan profunda y de tanto significado, ha sido raptada en nuestro mundo por la superficialidad y la apariencia. De tanto bombardearnos con cuerpos y caras bellos, generalmente asociamos la belleza a la perfección física de una mujer o un hombre, una perfección que responde automáticamente a cuerpos debidamente delgados, bronceados, depilados y sensuales. A veces incluso utilizamos la palabra belleza en contraposición con otras cualidades de la persona como la inteligencia o el carácter.

Sin duda, nos han raptado la palabra belleza. Como si la belleza fuese algo superficial, como si la belleza fuese un lujo que debemos pagar en una perfumería o en un gimnasio. Nos olvidamos de la verdadera belleza, esa tan necesaria para poder vivir. Los seres humanos necesitamos la belleza, pero no la de los anuncios de perfumes; necesitamos la emoción que provoca la belleza de apreciar los resultados de una obra bien hecha; la belleza del arte que nos acerca a la verdad, de la música que nos transporta; la belleza de un atardecer en la naturaleza; la belleza de las buenas obras de ficción, que a través de la emoción y de un magistral acuerdo entre contenido y forma nos ayudan a entender el mundo; la belleza de un gesto de empatía o solidaridad.

Confundimos la belleza con algo bonito, algo que combine con el color de nuestras paredes o de nuestros zapatos. Pero la belleza, la verdadera belleza, se puede permitir el lujo de ser incluso incómoda. Es más, diría que el arte que nos incomoda es el que más verdad contiene. Y la belleza es una manera de acercarse a la verdad.

Necesitamos la belleza para vivir. Y en este mundo en el que todo se valora por el dinero que genera, nos olvidamos de ella, la menospreciamos, o la raptamos para  ponerla en venta en un anuncio de perfume con acento francés.

Edertasuna

Edertasuna perfume iragarki batean sartu dugu, iragarki bihurtu dugu. Edertasuna. Hain da handia eta esanahi sakoneko hitza… Gure mundu honetan, baina, bahituta dago, itxurakeriaren eta azalkeriaren esanetara jarri dugu. Hainbeste gorputz eta aurpegi eder ikusi ditugu iragarkietan, edertasun hitza emakume edo gizon baten edertasun eta perfekzio fisikoarekin lotzen dugu gehienetan. Askotan erabiltzen dugu edertasun hitza inteligentzia edo nortasunaren kontrakoa balitz bezala, gainera.
Edertasun hitza bahitu digute. Bakarrik azaleko zerbait balitz bezala erabiliz, gimnasio batean, edo perfumeria batean erosi dezakegun zerbait balitz bezala. Benetako edertasuna ahazteko zorian gaude, nahiz eta bizitzeko guztiz beharrezkoa dugun. Bai, gizakiok edertasuna behar dugu bizitzeko. Edertasunak eragiten digun emozioa behar dugu bizirauteko eta mundua hobeto ulertzeko. Ondo egindako lan batek eragiten duen edertasuna behar dugu, egia hurbilago sentiarazten digun artearen edertasuna, lekutik mugitu gabe bidaiatzeko aukera ematen digun musikarena, emozioaren bitartez eta forma eta edukiaren arteko konbinazio bikainaren bitartez fikziozko obra onek eskaintzen diguten edertasuna, mundua hobeto ulertzen laguntzen diguten artelanen edertasuna, elkartasun keinu batek bere baitan gordetzen duen edertasuna…
Edertasuna polita den zerbaitekin nahasten dugu, gure etxeko paretekin edo gure zapatekin ondo konbinatzen duen zerbaiti esaten diogu eder. Baina edertasuna, benetako edertasuna, deserosoa ere izan daiteke askotan. Esango nuke gainera deseroso sentiarazten digun artelanak gordetzen duela egia gehien, eta ezin dugu ahaztu edertasuna egiara hurbiltzeko modu bat dela.
Edertasuna behar dugu, bizitzeko funtsezkoa da. Baina mundu honetan gauzak sortzen duten diru kopuruagatik bakarrik baloratzen ditugu, eta panorama honetan edertasuna ahaztu egiten dugu, gutxietsi. Bahitu egiten dugu eta doinu frantsesa duen perfume iragarki batean jartzen dugu salgai.

Relatos de vida

Una historia bien contada requiere, entre otros aspectos, una unidad armónica entre sus elementos: estructura, ritmo, trama, personajes… Una historia bien contada es algo más que lo que pasa en esa historia. Quien ha tenido la suerte de consumir historias bien contadas desde la niñez, aprende a estructurar su pensamiento, tiene mayor facilidad para ordenar sus ideas, y se impregna también de los valores y las lecciones de vida que emanan de las buenas historias.
Por eso cuando veo a los y las niñas de hoy entretenerse consumiendo vídeos de youtubers de su edad que abren juguetes y cuentan cómo funcionan, o enseñan en un tutorial la forma más chic de pintarse las uñas, o hacen experimentos con Coca-cola, o cantan como Shakira ante la cámara, pienso en el pobre poso que queda en sus cerebros tras ver esos vídeos y en cuánto se están perdiendo por no ver en su lugar una buena película, leer un buen cuento o un buen cómic… En definitiva, por no adentrarse en una historia bien contada.
Hay quien piensa que mientras en esos vídeos no vean nada nocivo (léase sexo y violencia), están entreteniéndose igual que, pongamos, con una buena película infantil. Pero el poso no es el mismo. No es lo mismo que te cuenten la historia de un personaje, que navegues durante hora y media por un mar estructurado para generar ciertas emociones, para despertar ciertas inquietudes, a que machaques tu cerebro con vídeos de 5 o de 7 minutos, uno tras otro, que nada tienen que ver entre ellos, y que crean una ansiedad constante de ver el siguiente. Un machaque, además, que no va más allá de ser una gran escuela de consumismo.
Hemos pasado del entretenimiento al atontamiento. El entretenimiento no tiene por qué ser un instrumento para desactivar cerebros, al contrario, es un instrumento sin igual para activarlo, imaginando otros mundos, otras vidas. Escuchar, leer, ver una buena historia es, entre otras muchas cosas, una dosis de armonía con el mundo, con el relato de la vida.