El verano era

El verano era
el olor de tu piel caliente.
Era salitre en las piernas,
espuma de cerveza
en los labios.

El verano era
la ventana de la cocina abierta,
y el chirriar
de los grillos.
Era las estrellas
y los dos descalzos
sobre la baldosa blanca.

Desde que te fuiste
el verano es
el sonido de una persiana
que se cierra.

 

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Ahora tenemos muertos

Ahora tenemos muertos.
Se nos murieron amigos,
el padre, la madre.
Ahora ya sabemos qué hay que hacer,
a dónde tenemos que llamar,
cuánto vale una corona de flores.

Entonces
las mariquitas despegaban volando de nuestra palma
y entre nuestros dedos
sobrevivía la cola de una lagartija.

Ahora
se nos mueren los geranios en el balcón,
y los echamos a la basura con su tierra y su raíz.
Con su tiesto rojo.

Entonces
éramos con alguien,
contábamos a alguien,
alguien nos nombraba y contestábamos:
presente.

Ahora
cuando ya no te llama nadie,
un teléfono te asusta por la noche.
Perdona ¿no te acuerdas de mí?
Una voz te pide ayuda.
Dice: no-sabía-qué-hacer.
Dice: no-sabía-a-quién-llamar.

Ahora estamos solos.
Ahora tenemos muertos
y ya sabemos qué hay que hacer.
Entonces
no sabíamos andar en bicicleta.
Ahora tampoco.