El pañuelo mojado

Lo que más añoro de todo
no son las pagas del domingo,
ni los dibujos animados,
ni el escondite en el parque.

Lo que más añoro de todo
no es el salto a la piscina,
ni los sudores en la cancha,
ni merendar con margarina.

Lo que más añoro de todo,
lo que realmente echo en falta,
es saber que siempre habrá alguien
con un pañuelo mojado en saliva
dispuesto a limpiar los restos
de desayuno de mis labios.

Gosari aztarnak

Ez dira domeketako pagak,
ez dira marrazki bizidunak,
parkeko jolasak
edo benetako lagunak
faltan sentitzen ditudanak.

Ez dira uretan egindako dzangak,
futboleko izerdiak,
amaigabeko udak.
Ez dira gurin zaporezko meriendak,
esnetan bustitako gailetak
faltan nabari ditudanak.

Goizero
nire ezpainetako gosari aztarnak
txistuaz bustitako zapiarekin
garbituko dituen norbait
oraindik badela jakitea da
benetan falta zaidana.

 

 

No es la lluvia

No es la lluvia,
no me duele,
las nubes ponen límite
al mundo
y me protegen.

No es el invierno,
no me duele,
la oscuridad acorta los días
y eso me tranquiliza.

Son el sol,
sus destellos en una ventana lejana
que se abre,
el viento sur,
el aroma del verano,
lo que me duele.
Porque el mundo se amplía
se alarga,
se extiende,
y entonces
todo pasa
en otro sitio.

Ez da euria

Ez da euria,
ez dit minik egiten,
hodeiek mundua mugatzen dute
eta babestuago sentitzen naiz.

Ez da negua,
ez dit minik egiten,
iluntasunak eguna laburtzen du
eta lasaiago sentitzen naiz.

Eguzkiak,
urruneko leiho baten argi-keinuak,
terrazetan dagoen jendetzak,
hego haizeak,
uda usainak
egiten didate min,
mundua zabaldu egiten delako,
luzatu,
hedatu,
handitu,
eta beste lekuren batean
gertatzen delako
orduan dena.

Abenduko arbola

Abenduko arbola naiz,
lo ditut atzamarrak.
Ez bilatu laztanik,
ez egin ahaleginik,
jausi zaizkit
zure arnasak behin
dantzan jarri zituen hostoak.
Ez bilatu laztanik
ez egin ahaleginik,
abenduko arbola naiz orain
eta azazkal zorrotzak baino
ez ditut adarretan.

Árbol en diciembre

Soy un árbol en diciembre,
tengo los dedos dormidos,
no busques caricias,
no lo intentes,
ya cayeron las hojas
que danzaban con tu aliento.

No busques caricias,
no lo intentes,
ahora soy
un árbol en diciembre,
y en mis ramas
sólo quedan
unas uñas afiladas.

No me mires

No me mires,
porque tu mirada
me lleva a un espacio oscuro
en el que tengo que palpar las cosas
para intentar darles nombre.

No me mires,
porque me llevas a un cuarto sin luz
en el que sólo reconozco mis latidos
y mi respiración.

No me lleves contigo,
prefiero quedarme aquí,
junto a la cafetera,
las llaves de casa,
el viejo felpudo.

No me alejes de las cosas,
ya aprendí a esquivar sus esquinas,
ya conozco los olores
de su madera vieja,
de su nuevo metal.

No me lleves lejos de los bostezos,
de las conversaciones de ascensor,
de las comidas familiares,
del sexo programado,
de la impaciencia de esperar siempre
al mismo autobús.

No me mires,
porque me elevas a una cima
donde hay algún peligro,
seguro,
una helada, un alud,
una inundación
que se se llevará consigo
las sillas, las macetas, las listas de la compra, los tenedores, los libros,
todas las cosas de verdad
que me protegen.